Recuerdos marginales

Vista del barrio de Bozate en la actualidad.

Vista del barrio de Bozate en la actualidad.

Al hilo del reportaje que ha escrito Ander Izagirre para Jot Down sobre los agotes, me han vuelto a la memoria dos libros de referencia para acercarse al asunto de las minorías marginales en España, asunto tabú durante tantos siglos, que se acentuó durante la dictadura de Franco y que, como en el resto de las minorías perseguidas por el ignominioso régimen, recibieron una bocanada de reconocimiento tras el fallecimiento del sátrapa en la cama. Y con el recuerdo de aquellos dos volúmenes, regresa también la contradicción tantas veces presente entre la calidad de la obra literaria y el desapego por la trayectoria ideológica del autor. En el primer caso, se trata de Gárgoris y Habidis, magna y muy polémica obra de Fernando Sánchez-Dragó, subtitulada Una historia mágica de España, que supo atraer la mirada sobre agotes, pasiegos, maragatos, vaqueiros y otras minorías que salpican la península y las islas. Y en cierto modo, sirvió para reivindicar aquellos pueblos marginados.

En otro ámbito, destaca otro título, éste sí realmente extraordinario, escrito en aquellos últimos años setenta por Alfonso Sastre, un referente del teatro español del siglo XX. Lumpen, marginacion y jerigonça recorre los ámbitos de la marginación de quinquis, mercheros y otras gentes a partir del habla de éstas y otros grupos que vivían y viven al margen, en entornos urbanos.

Alfonso SastreCon el subtítulo de Insólito viaje a algunos mundos adyacentes. Papeles escritos por el bachiller Alfonso Sastre, natural de Madrid, la obra acude desde el habla de germanía para llegar hasta las últimas jergas antes de 1980, cuando publicó este título en el que se sumerge en el mundo de los marginados de las ciudades. Una joya de interés filológico, pero que también aborda aspectos de la Antropología, la Sociología, la Historia… escrita con una calidad literaria excepcional. El propio autor la cataloga, por incatalogable, como “ensayela”, un obra científica dotada de ingredientes de ficción.

Y con el recuerdo de ambos volúmenes, surge la relación entre obra y autor. Si Sánchez-Dragó ha pasado de ser un escritor y  periodista cultural de cierta entidad a protagonista del más cutre chismorreo, quedando su obra de este modo eclipasada por su extravagante vida contemporánea, Alfonso Sastre fue y es ignorado por el establishment cultural por el apoyo que mantuvo y mantiene a la izquierda abertzale, quedando su interesantísima obra eclipsada, en este caso, por su posicionamiento político. Y tuvo que ser Juan Goytisolo, otro escritor que gusta de decir que vive en el margen, aunque con el reconocimiento de las élites culturales (no se olvide que ha sido el último premio Cervantes), quien reivindicara la obra de Sastre a las nuevas generaciones, con un artículo publicado en 2006.

Pero Sastre continúa minusvalorado y su obra desconocida en el ámbito de la cultural española, cuando su calidad, como reconoce Goytisolo en el citado artículo, es indudable. Y es que la obra debería vivir ajena a los pareceres mundanos del autor, sean estos sexuales (Sánchez-Dragó) o políticos (Sastre). Porque son muy pocos los autores que ofrecen un perfil público e ideológico que pueda atraer al mismo tiempo que su obra. O flaquea uno o flaquea la otra.

Manuel-Vázquez-Montalbán1Y en este caso, sólo se me alcanza a recordar al añorado Manuel Vázquez Montalbán, autor de novelas inolvidables como la serie de Carvalho, Galíndez o El estrangulador, artículos y columnas periodísticas de altura, una interesante obra poética y que encima era un ser humano decente, que no es poco, y de una amabilidad inusitada en alguien de su fama. Y hablo con conocimiento: todavía recuerdo la entrevista de más de una hora que me concedió, con una paciencia homérica, para una revista universitaria que no conocían ni en la propia universidad en la que se publicaba.

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