El año de la guerra (III)

“A buen seguro que antes de cometer el atentado de Sarajevo, no sospechó el estudiantillo Prinzip que la paz de Europa dependía, en aquel momento, de una leve presión de su índice sobre el gatillo de una pistola… Y, a buen seguro, también, que al dar la vuelta al mundo la noticia de ese atentado nadie en el mundo sospechó que la muerte de un archiduque pobre de espíritu, y la de una condesa intrigante, fueron hechos capaces de provocar la guerra europea, y con ella la más espantosa hecatombe que han conocido los siglos”.

'Ante la gran tragedia. Guapeza alemana'. Artículo de Antonio G. de Linares en "Nuevo Mundo" (6-8-1914)

‘Ante la gran tragedia. Guapeza alemana’. Artículo de Antonio G. de Linares en “Nuevo Mundo” (6-8-1914)

No, no se trata de un comentario lejano en el tiempo a aquel 28 de julio de 1914, cuando se declaró la Guerra, ni tampoco procede de un visionario intelectual de los que florecían en aquellos primeros lustros del XX en Europa. Unamuno, Maeztu o Ramón Pérez de Ayala, por citar tres de quienes escriben en este verano de 1914 en Nuevo Mundo, en este rastreo que venimos haciendo por aquella publicación española. Es un artículo de Antonio G. de Linares, periodista de reconocido oficio en la primera mitad de siglo, pero a quien hoy en día no le recuerda ni la Wikipedia. Linares, desde una postura muy crítica con “el viejo y fanático Imperio Austro-Húngaro”, gobernado por el “viejo bebedor de sangre” Guillermo II, anuncia lo que estaba por llegar en los siguientes cuatro años.

Intuía, pues, la terrible guerra que no había hecho más que comenzar (su artículo se publicó en el número correspondiente al jueves 6 de agosto de 1914) y que hoy, un siglo después, se ha estudiado hasta la saciedad, sin que las terribles consecuencias de aquel conflicto no impidieran otro de similar entidad 25 años después, ni hayan atenuado los conflictos en el globo. El periódico “El País” ofrece en estos días de forma gratuita una interesante miscelánea de sugerencias en libro electrónico que pueden ayudar a entender a aquel conflicto cuyas dimensiones ya avanzó el anónimo periodista Linares, mientras tantos otros miraban al dedo, en una semana de luna llena, como la que ahora vivimos.

Mientras tanto, en el resto de los números de aquel final de julio y primeros de agosto, la publicación madrileña continúa con debates que bien podrían encontrarse hoy en día.

'La fiesta de toros, la lucha y el box'. Artículo de  Felipe Sassone en "Nuevo Mundo" (16-7-1914)

‘La fiesta de toros, la lucha y el box’. Artículo de Felipe Sassone en “Nuevo Mundo” (16-7-1914)

Es interesante el artículo que nos ofrece Felipe Sassone, de quien (como de Linares) nadie se acuerda hoy, pero por lo menos cuenta con presencia en Wikipedia. Sassone titula su pieza ‘La fiesta de toros, la lucha y el box’, en la que reflexiona sobre las corridas de toros, que ya se comenzaban a criticar con fuerza.

“Los impugnadores de la taurina fiesta, que lo son por moda, por distinguirse, por tener el bello gesto -así a la francesa- de llevar la contraria, han de percatarse, lo primero, de que tal actitud perdió su valentía, pues ya son tantos los taurófobos que, dentro de poco, va a parecer distinguido el militar entre los taurófilos. (…) Muchos son los impugnadores, pero es infinitamente mayor el número de aficionados, por herencia fisiológica, por atavismo, por espíritu de raza. Para suprimir las corridas de toros haría falta cambiar íntegramente la sangre y los nervios de los españoles”, explica Sassone.

Y contrapone nuestra “poética barbarie” a la barbarie importada del boxeo. Bien está recordar cómo cien años después, periódicos tan prestigiosos como El País mantienen el argumentario de Sassone: se publican las críticas de las corridas de toros, pero ni una frase dedica el actual periódico global al deporte del boxeo. Aquel artículo de Sassone del 16 de julio levantó ampollas en taurófobos y taurófilos, como se pudo ver en los números siguientes de Nuevo mundo.

En este sentido, como ya venimos viendo, excepto en cuestiones tecnológicas, y también cosméticas, poca diferencia se encuentra entre aquel verano de 1914 y el que ahora vivimos. En la publicidad dominaba el gramófono, aquel digno (y sobre todo mucho más elegante, aunque algo más caro) antecesor del iPod, mientras que para el realce de la cabellera, las firmas de perfume tiraban de petróleo en lugar del champú con mascarilla. Una cuestión de neolengua.

Publicidad de 'Petróleo Gal' en "Nuevo Mundo".

Publicidad de ‘Petróleo Gal’ en “Nuevo Mundo”.

 

Publicidad del gramófono n 'Homokord', la maravilla de reproducción sonora del momento.

Publicidad del gramófono n ‘Homokord’, la maravilla de reproducción sonora del momento.

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